Nadie sabe con certeza cuándo se originó el hát ru; solo se sabe que es una corriente musical transmitida de generación en generación, desde las llanuras hasta las montañas, desde las tierras bajas hasta las altas. Ya sea en la riqueza o en la pobreza, en la abundancia o en la humildad, las dulces nanas siempre han estado presentes junto al balanceo de la hamaca, la tranquilidad de la cuna y los cálidos brazos maternales. En Quang Tri, una tierra que soportó el fuego y las balas de la guerra, el hát ru no es solo una hermosa manifestación cultural, sino también un símbolo de vitalidad y humanidad.
Las canciones de cuna de este lugar están impregnadas de los ecos de la música folclórica del centro de Vietnam: suaves, profundas, capaces de sumergir a los niños en un sueño apacible y de transportar a los adultos a lejanos recuerdos. El hát ru de Quang Tri no es solo una forma de arrullar a los bebés, sino también la manera en que madres y abuelas transmiten su amor por la tierra natal, el orgullo nacional y lecciones de vida llenas de compasión.
Esas melodías solían resonar en momentos muy cotidianos: bajo techos de paja junto a la hamaca que se mece suavemente, bajo la silenciosa luz de la luna reflejada en el río Thach Han, o en medio de una tarde apacible en el campo. Estas nanas no solo ayudan a los pequeños a dormir plácidamente, sino que también sirven como un medio para nutrir el alma, enseñar valores morales y despertar en cada persona un profundo amor por las raíces de la patria.


