A lo largo de las franjas costeras de Quang Binh, la producción de sal ha estado presente desde hace mucho tiempo en la vida de los habitantes locales. No es solo un medio de subsistencia ligado al mar, sino también una parte de la memoria cultural forjada a través de los siglos. Según registros históricos y vestigios en la poesía antigua, el oficio salinero en Quang Binh podría haber surgido al menos durante el reinado del emperador Le Thanh Tong, en el siglo XV. Hacia 1470, durante su expedición hacia el sur al pasar por el estuario de Di Luan —zona perteneciente al actual Quang Trach—, el rey Le Thanh Tong compuso el poema “Di Luân hải tấn”, en el que describe la imagen de extensas salinas junto al mar. Estas pinceladas poéticas bastan para demostrar que, en aquel entonces, las salinas de Di Luan ya constituían un paisaje familiar de la región. Hasta el día de hoy, esta tradición cuenta con más de 600 años de historia.
A lo largo de las sucesivas dinastías, la salinería continuó manteniéndose y prosperando. Durante la dinastía Nguyen, la producción de sal se expandió por varias zonas costeras, entre ellas Binh Chinh en Quang Trach y Phong Loc en la actual zona de Dong Hoi. En el siglo XX, las salinas se ampliaron aún más, convirtiéndose en el principal sustento de numerosas comunidades litorales.
Especialmente a partir de la década de 1960, la aldea de Phu Loc, en la comuna de Quang Phu (distrito de Quang Trach), comenzó a desarrollar la producción de sal a mayor escala. De cosechas iniciales destinadas al consumo familiar, la actividad pasó a ser una importante fuente de producción que abasteció los frentes de batalla y satisfizo las necesidades de los habitantes de la provincia.
En 2011, la actividad salinera de la comuna de Quang Phu fue reconocida por el Comité Popular de la provincia de Quang Binh como aldea de oficio tradicional. Más que una profesión, los granos de sal blanca que cristalizan bajo el sol de hoy encierran una larga crónica histórica: la historia de generaciones de salineros que han permanecido en silencio bajo el abrasador sol del centro del país, transformando el sudor en salinidad y preservando un legado que ha acompañado a esta tierra durante cientos de años.



