Se cuenta que el oficio del tejido de esteras de junco en An Xa está presente en esta tierra desde hace más de 600 años. A orillas del antiguo río Binh Giang, hoy el apacible río Kien Giang, los fértiles bancos de aluvión alimentaron a generaciones de habitantes. En los inicios, personas procedentes de An Xa Ha llegaron a esta tierra para pescar y cazar aves, estableciendo gradualmente sus hogares y aldeas. Cuando esta tierra bendecida se convirtió en el hogar de 12 linajes familiares, una artesanía arraigó junto con ellos: el tejido de esteras de junco.
Según la tradición, el señor Ngo Khai, pionero en el desarrollo de las tierras de An Xa, animó a los aldeanos a tejer esteras durante los períodos de descanso agrícola. Desde entonces, el junco no solo creció en las zonas bajas ribereñas, sino que se integró en la vida cotidiana de la gente, convirtiéndose en la materia prima de un oficio tradicional. Las fibras de junco se cortan en tiras, se secan, se tiñen y se tejen bajo las manos de los artesanos, dando forma a las esteras al compás de cada golpe de telar.

Foto: La coordinación rítmica para tejer una estera A lo largo de los siglos, el oficio de An Xa ha acompañado los altibajos de la aldea. En cierto momento, ante la creciente aparición de productos industriales, el sonido de los telares se volvió escaso y el oficio estuvo en riesgo de desaparecer. Sin embargo, a partir de la década de 2000, los habitantes comenzaron a revitalizar la producción, buscando formas de adaptar el antiguo oficio a los nuevos tiempos.
En 2010, se fundó la Cooperativa de la Aldea Artesanal de Esteras de Junco de An Xa, abriendo una nueva etapa para esta tradición. Se invirtió en maquinaria y talleres para aumentar la productividad, aunque en muchas familias, las técnicas y la experiencia se siguen transmitiendo de generación en generación. Hoy en día, entre las transformaciones del campo de Le Thuy, las esteras de junco de An Xa conservan la huella de una cultura ancestral. En cada fibra late la esencia del aluvión, en cada compás del telar revive la memoria del pueblo, y en la preservación del oficio se refleja la perseverancia de quienes no quieren que una parte de sus raíces se desvanezca en el tiempo.