Antaño, en el libro histórico “O Chau can luc” de Duong Van An, el hito histórico de la comuna de Son Trach quedó registrado hace más de 465 años. Esta tierra vio nacer a cuatro pueblos antiguos: Cu Lac, Phong Nha, Xuan Son y Gia Tinh; cada nombre es un eco del pasado profundamente grabado en la memoria de sus habitantes.
En aquella época, la aldea de Phong Nha también era conocida como la aldea de Chua Nghe, ya que cada vez que tronaba, los lugareños escuchaban un sonido que resonaba desde las profundidades de la cueva, semejante a un susurro sagrado de la selva y las montañas. La pequeña aldea se resguardaba al pie de la montaña, como un niño que duerme plácidamente en los brazos de la madre naturaleza. Los caminos de tierra roja serpenteaban por las laderas, levantando nubes de polvo en la estación seca y convirtiéndose en arroyos de lodo en la temporada de lluvias, guiando hacia sencillas casas con techos de paja que se ocultaban en el silencio.
El río Son seguía fluyendo, llevando consigo las risas de los niños, los cantos tradicionales de los barqueros y sueños aún inconclusos. La vida en aquel entonces era dura; muchos habitantes dejaban su tierra natal en busca de trabajo o se adentraban en la selva para recolectar madera de agar o buscar oro entre constantes peligros. La cueva de Phong Nha, una joya dormida en el corazón de la tierra, aún no revelaba su majestuosa belleza. La oscuridad era la fiel compañera de las brillantes estalactitas, semejantes a lágrimas silenciosas del cielo y la tierra. Solo con la tenue luz de las lámparas de aceite, muy rara vez algún viajero curioso llegaba y se marchaba, dejando a Phong Nha con su encanto místico, como una melodía sin palabras en medio de la selva profunda. En aquellos días, Phong Nha no era más que un poema aún sin escribir, esperando a que el destino pronunciara su nombre.





