Antes del amanecer, las cocinas de Tan An ya están encendidas. La jornada de elaboración suele comenzar hacia las 3 o 4 de la madrugada, cuando los artesanos preparan el arroz, prenden el fuego e inician un día de labor que depende en gran medida de la luz solar. Todo comienza con la selección del arroz y el sésamo. Se escoge un grano de calidad que no sea excesivamente glutinoso. Tras remojarse en agua limpia durante unas 3 o 4 horas, el arroz se lava, se limpia de impurezas y se muele hasta obtener una pasta líquida y fina. El sésamo pasa por un proceso propio: se descascarilla y se tuesta para potenciar su aroma característico.
En la etapa de preparación de la masa, la experiencia del artesano es fundamental. La pasta de arroz se combina con el sésamo y el agua hasta lograr la densidad perfecta. Si la mezcla queda demasiado espesa o muy líquida, afectará el grosor, la elasticidad y el sabor final de la lámina. Una vez que el agua de la olla está hirviendo, comienza el extendido de la masa. Con un cucharón se vierte la cantidad justa sobre una tela tensada encima del vapor, que cocina rápidamente la fina capa. El trabajo es continuo y exige destreza y rapidez para que cada pieza quede redonda, homogénea y con el grosor exacto. Al cocinarse, se retira con cuidado y se coloca sobre paneles de bambú.

Foto: Hay que aprovechar los días soleados para que el papel de arroz no se eche a perder Al salir de la cocina, las láminas pasan a una fase directamente ligada al clima: el secado al sol. Suelen secarse durante tres horas o más y deben voltearse regularmente para lograr una deshidratación pareja, evitando deformaciones o grietas. Un día soleado permite obtener la textura, elasticidad y sequedad ideales; por el contrario, un sol excesivamente abrasador o la falta de luminosidad exigen ajustes minuciosos. En temporada de lluvias, algunos talleres recurren a secadores mecánicos, aunque el secado al sol natural sigue otorgando un acabado incomparable.
Cuando el papel alcanza el punto justo de secado, se prensa ligeramente para que quede plano, se despega de las esteras, se corta según la medida deseada y se empaqueta. Cada paso parece sencillo, pero cualquier descuido puede alterar la calidad de toda la producción.
Hoy en día, las máquinas asisten a muchas familias para reducir el esfuerzo físico y aumentar el rendimiento. Sin embargo, en el ritmo matutino de Tan An siguen presentes los gestos ancestrales: desde el murmullo de los molinos y el vapor flotando sobre las ollas hasta las hileras de esteras dorándose bajo el sol.