La vida de los lugareños está estrechamente ligada al maíz, la yuca, los frijoles y el arroz de regadío, cultivados a lo largo de valles y laderas junto a los arroyos. Rebaños de búfalos, vacas, cerdos y aves de corral recorren a diario las faldas de las colinas, acompasados con el ritmo de vida pausado y sencillo de la comunidad. Aunque la vida sigue siendo difícil, con una tasa de pobreza que supera el 52 %, en esta tierra agreste perviven la fe y la esperanza puestas en el cielo, la tierra, las cosechas, los granos de arroz y de maíz… Por ello nació el Festival de la Siembra del Arroz (Lễ hội Trỉa Lúa), como un ritual sagrado y un puente que une al ser humano con la naturaleza, y al pasado con el presente.

Cada año, el séptimo día del duodécimo mes lunar, cuando los vientos fríos del noreste se cuelan entre la espesura de la selva y los campos están listos para recibir las primeras semillas, el pueblo Bru-Van Kieu celebra el Festival de la Siembra del Arroz. No es solo un rito fundamental en su vida espiritual, sino también el símbolo de su devoción a la naturaleza, con plegarias por una cosecha abundante, espigas repletas de grano, salud y bienestar para toda la comunidad.

La festividad suele celebrarse en una colina al pie de la montaña Chong, a la sombra de árboles centenarios y donde la cumbre parece tocar el cielo azul. Este no es solo el escenario habitual del festival, sino también un lugar cargado de la energía sagrada de la selva, donde los Van Kieu creen que los dioses están siempre presentes, velando por cada paso de los aldeanos.

